Giselle Beiguelman, una de las artistas e investigadoras brasileñas más respetadas en todo el mundo en el campo de la interacción entre el arte, los medios digitales y los sistemas de información, ha utilizado plataformas de Inteligencia Artificial en su obra reciente para sacar a la luz artificios creados a lo largo de la historia, en la ciencia y las artes, con el objetivo de estigmatizar a los seres vivos, sobre todo a las mujeres y las plantas.

En Poisonous, Harmful and Suspicious, título tomado de un manual científico decimonónico de Anne Pratt (1857), la atención se centra tanto en las plantas prohibidas por el proceso "civilizador" colonial debido a sus poderes psicoactivos, como en las mujeres botánicas que han sido maldecidas y borradas de la historia debido a la misoginia que recorre la historia de la ciencia.

Antes de la invención oficial de la fotografía en 1839, muchas mujeres se dedicaron a estudiar y documentar especies de flora con dibujos y acuarelas, creando una de las correlaciones más apasionantes entre arte y ciencia. Sus ilustraciones se utilizaban invariablemente en libros de autores masculinos sin que se acreditara a los autores.

 Al generar imágenes mediante IA, Beiguelman revisita esta época pre-fotográfica, en la mayoría de los casos para visibilizar a la mujer y mostrarnos cómo, desde la invención -sospechosa- del pecado original de Eva, que comió el fruto prohibido del árbol del paraíso, la historia ha asociado las plantas venenosas, dañinas y sospechosas con el personaje femenino.

En sus experimentos, Beiguelman generaba imágenes como si dispusiera de una cámara mágica con el poder de "fotografiar" el pasado y reparar así historias eclipsadas por prejuicios y mitos infundados. Para ello, la artista tuvo que superar el etnocentrismo imperante en las plataformas de AI, que se negaban a retratar a los botánicos de más edad. La misma dificultad surgió al intentar crear imágenes de mujeres indígenas y negras brasileñas. 

Al igual que muchas mujeres que descubrieron curas para enfermedades gracias a sus investigaciones sobre la flora fueron tachadas de brujas, muchas plantas también cayeron en desgracia por sus propiedades afrodisíacas o alucinógenas o porque se utilizaban en rituales sagrados. 

El uso medicinal del cannabis, por citar un ejemplo, ya se conocía hace unos 3.000 años en China e India. Pero debido a sus propiedades psicoactivas, se le llamó la "hierba del diablo" y su investigación en el campo medicinal se restringió en todo el mundo a partir de los años treinta. Sólo en los últimos años, ante la insistencia de investigadores y familiares de personas necesitadas de tratamiento con cannabidiol, se ha liberado gradualmente su uso medicinal. ¿Cuántas vidas, a causa de este estigma, no han podido encontrar una cura para sus enfermedades? 

La singular obra de Beiguelman nos ha mostrado cómo es posible revisitar el pasado con una mirada crítica para cuestionar prejuicios y reposicionar lo que ha sido marginado y desatendido durante siglos y que, en una medida dolorosa, aún persiste hoy. Al igual que hicieron los botánicos aquí homenajeados, la obra de Beiguelman también hace que la investigación y el arte iluminen la ciencia.

Eder Chiodetto