Las setas y el ajo habitan un territorio simbólico compartido de la naturaleza que cura y transforma, pero que también desafía el control. A lo largo de los siglos, han estado rodeadas de un aura ambigua, oscilando entre lo sagrado y lo sospechoso, el remedio y el veneno, la protección y la amenaza. En muchas culturas, esta ambigüedad se ha entrelazado con la figura femenina, ya sea como curandera o como bruja. Las setas, al brotar repentinamente de la tierra, con formas y colores inusuales, han despertado fascinación y temor. Ciertas especies se asociaron con ungüentos para volar y pociones «sospechosas», lo que reforzó su vínculo con los rituales femeninos de brujería. El ajo, por otro lado, se convirtió en un símbolo de protección y poder mágico en manos de las curanderas. Colgado en las puertas, guardado en el bolsillo o utilizado en fumigaciones, alejaba a los espíritus malignos, el mal de ojo y los hechizos indeseados, funcionando como un escudo contra las fuerzas ocultas.
Giselle Beiguelman. Imágenes creadas con Inteligencia Artificial (LLM – Large Language Models), impresión por inyección de tinta sobre papel Hahnemühle, 56 x 70 cm, 2024.